Cuando yo aún no era Pinson

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Pinson nació hace un par de años largos. Por aquel entonces, yo estaría trabajando en nosémuybienqué porque he sido tan mujer orquesta que no recuerdo si estaba tocando el violín o el trombón.

Allá por junio del año pasado, después de bajarme de Instagram todas esas inspiradoras imágenes con combinaciones de platos, fuentes y manteles para morir de amor, decidí descubrir Pinson Living en persona. Íbamos a celebrar en casa una fiesta veraniega y las fuentes de Lola eran justo lo que estaba buscando para crear un buffet digno de Pinterest.

 

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Cuál fue mi sorpresa cuándo, buscando la dirección, me di cuenta de que estaba literalmente a cuatro minutos andando de mi casa. En esa calle anodina de Antonio Pérez -hasta el nombre es banal- está el showroom más bonito que podáis imaginar.

Al entrar, se me abrieron los ojos nivel dibujo animado. Papeles pintados de rayas, piñas doradas y flamencos rosas combinados con preciosos platos de mil colores y matices... En contraste con las estanterías industriales surgían delicadas piezas de loza artesanal que pondrías, sin dudarlo, en todos los rincones de tu casa. Cada una de esas mezclas atrevidas y originales daban un resultado espectacular. 

Y allá donde me alcanzaba la vista, una mujer subida a una escalera pintaba pacientemente, cual Miguel Ángel, un mural de palmeras. 

 

Seguí curioseando y de pronto... ¡WOW!

Cuando crees que el showroom se ha acabado, aparece un espacio aún mayor decorado con un gusto exquisito. Una mezcla entre un loft en el Chealsea newyorkino y un apartamento en el Marais.

 

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De frente, la cocina americana, en el centro una salida a un luminoso patio pintado a mano y al fondo, un saloncito con chimenea y sofás mostaza, acristalado hasta el techo con unas puertas recuperadas en el Rastro. Te sientes voyeur en casa ajena. Pero no una casa cualquiera, no, una salida del Architectural Digest. 

Empecé a sacar piezas y a mezclarlas en una mesa. Había tantas opciones y todas tan increíbles que me costaba mucho elegir. Yo, que soy de llevar las bragas a juego con el bolso (perdón por la expresión), me contagié de esa originalidad y decidí arriesgar. Quería una mezcla de colores insólita pero acertadísima y así lograr ese look 100% Pinson que tanto me apasiona y que afortunadamente a día de hoy voy interiorizando.

Me asesoraron con mucha simpatía y paciencia (no sabéis lo indecisa que puedo ser). Por supuesto, acabé llevándome varias fuentes, bowls, platos... ¡Y pocos fueron en comparación con lo que me hubiera gustado comprar! 

Como la vida es así de curiosa, ahora llevo seis meses trabajando en PINSON. El showroom es mi segunda casa, donde trabajo codo con codo con Lola y Luciana, dos profesionales increíbles que además son divertidas, espontáneas y cariñosas. Y aunque mi hija cuenta en el cole que trabajo en una fábrica de tazas, yo sigo maravillándome con las mini obras de arte que conviven con nosotras en el showroom. Además aprendo cada día de la capacidad de Lola para decorar, diseñar, comprar, mezclar. Atreverse y siempre acertar.

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Pero, obviamente, se pierde perspectiva. Cuando eres una insider, y yo ahora soy más PINSON imposible, no tienes la misma mirada fresca de un cliente. Y para nosotras, haceros felices con nuestras piezas es el principal objetivo. Nuestro deseo es que os alegren el día a día o que las uséis en una cena especial como quien elige ese vestido sabiendo que le queda de infarto.

Por eso, me aferro a ese momento en el que descubrí el showroom de PINSON por primera vez. Trato de recordarlo siempre, especialmente cuando entra un cliente nuevo. Recordar lo que más me gustó, recordar lo que encontré ahí que no encuentro en otros sitios.

Y así, seguir siendo diferentes, especiales y poder ofreceros siempre esa pieza única, ese conjunto que no tiene nadie, para hacer vuestra vida un poco más bonita, mejor.

Beatriz Puell